En Piel deshabitada, Arlene Caraballo Figueroa le canta a la muerte de la madre desde el dolor inicial, pero también desde la experiencia de recobrarla en todo lo que la rodea y afirma la vida. La madre nunca se va -eso nos comparte Carballo en su poemario. Su poemario apalabra las transformaciones internas tan necesarias para hacer las paces con la experiencia de la pérdida. -Mayra Santos-Febres
Este libro es un testimonio y una meditación: sobre el cuerpo, la memoria, la identidad que se hereda y se transforma. Es una elegía sin ornamentos, un canto áspero y necesario que nos obliga a mirar de frente la desposesión y, aún así, sostener la llama. Porque en la piel que se vacía, algo persiste: una huella que no se borra, una voz que, incluso en el silencio, sigue pronunciándonos.