Versalles, 1682. Décadas antes de que nacieran los hermanos Grimm, un grupo de mujeres nobles se reunieron en un salón para narrar cuentos de hadas, transformando maridos violentos, encierros y amantes fugados en Barba Azul, Piel de Asno y el Gato con Botas. Las Hadas Modernas es la novela más irreverente y políticamente afilada de los últimos años: oscura, sensual y deslumbrantemente divertida, con la erudición ligera de quien ha leído a Calvino o a Angela Carter sin perder la sonrisa.
París, finales del siglo XVII. Mientras Versalles se consume entre intrigas, venenos y perfumes con los que disimular el hedor de los orinales, en un salón parisino un grupo de mujeres nobles ―encabezado por Marie-Catherine d'Aulnoy, superviviente de su propio matrimonio y de una temporada en prisión que prefiere no comentar en sociedad- se reúne para contar lo que la propia anfitriona acaba de bautizar como contes de fées. Un siglo antes que los hermanos Grimm, son ellas, junto a un Charles Perrault viudo y expulsado de la corte, quienes están dando forma al cuento de hadas moderno: Caperucita Roja, La Cenicienta, La Bella Durmiente, Rapunzel, brujas y princesas envenenadas que no son sino versiones cifradas de sus propias vidas, marcadas por maridos violentos, encierros, hijas vendidas y amantes que desaparecen. Entre ellas, sin embargo, se ha colado un lobo: alguien que escucha, toma nota y delata, y que amenaza con llevarlas al cadalso una a una.
Heredera del espíritu cruel de Angela Carter y emparentada con la Matrix de Lauren Groff, Las hadas modernas es una novela de historias dentro de historias, que rastrea el origen real, mundano y peligrosísimo de los cuentos con los que nos criamos y nos los devuelve crudos, sensuales y cargados de filo político.