
María Soledad Calero es la esperanza de Verlaine hecha verso. Se prende y se apaga dependiendo de cuánto ruido aguanta. Parecería tener hambre, a veces de morir, otras de vivir, pero siempre con hambre. A quién le toca vivir lo incomprensible, y como pocos, entender lo que no se debe saber, contestando la pregunta eterna: ¿para qué vivir?
"La vida emite una orden de desahucio...van a quedar viudas hasta las piedras...todas las escaleras son para bajar..."
"No vi a nadie llorar
me dolió
La muerte
Ya sin vida".
"Hecha de todos los tonos del olvido...yo no me maquillo...la soledad es una adicción... volver a ser una..."
¿Quién es el psicótico aquí, María Soledad, ¿o la vida misma? Del suicidio escapó por serendipia y ahora escribe, magistralmente. Superando a los malditos, llora, y hace llorar, se ríe, y hace reír. Y al final de la lectura, sólo queda abrazarse a uno mismo, tener hambre, y saber que el sol saldrá con otro día hermoso y el café sabrá mejor que nunca con galletitas de vainilla. -Stefan Antonmattei