Un abogado corporativo en Boston tiene lo que cualquiera llamaría una buena vida: un nombre que pesa en los pasillos del bufete, dinero, una rutina que sostiene cada día con la precisión con la que firma un contrato. Hasta que el cuerpo le pasa una factura demasiado onerosa a Thomas.
Un diagnóstico, una esposa que se va y una vida que se le escurre entre los dedos. Una tarde, frente a una vitrina en Newbury Street, ve una imagen de Italia. Sin pensarlo demasiado, compra un boleto y termina en Terni. Un pueblo de Umbría que carga siglos de historia y que guarda, entre sus piedras, la memoria de San Valentino.
Allí descubre algo extraño y hermoso. En la Basílica de San Valentín hay un confesionario antiguo donde, con el tiempo, la gente dejó de confesar pecados y revelan otra cosa: quién es su gran amor. Lo que nunca dijeron, lo que perdieron o lo que aún esperan.
Thomas entra por curiosidad sin saber que del otro lado hay alguien. Esa mujer se llama Sofía. Junto a ella, Thomas conoce un mundo donde el tiempo no se mide en logros sino en momentos: cafés sin prisa, calles empedradas, conversaciones extensas. Sofía le muestra ese lado de la vida que él nunca pudo experimentar. Bajo el cielo de Terni es una novela sobre lo que postergamos hasta que se nos acaba el tiempo y sobre la valentía de volver a empezar.