
Allí, en el lugar donde el mundo se desvanece, entra la levísima palabra. El duelo recompone la puerta hacia el retorno, que es tan eterno como una esperanza verde y tan inevitable como la muerte. En este relato de serena belleza se trenzan ocasos y amaneceres de la experiencia isleña. Tres imágenes y el tiempo que no cesa se imponen al caos del dolor: un pozo, una salamandra y una mujer rota, con el vientre atravesado por una cicatriz. De pronto, una gaviota en picada atraviesa las tonalidades del azul y del verde, y la transfiguración de los cuerpos rescatados para la belleza de la vida que tuvieron y la luz que proyectan hacia la memoria consolada traman la serena belleza del conjunto. -Marta Aponte Alsina