Un niño observa sin comprender la violencia de sus pares, una oficial de la policía se descubre a sí al cuestionar a una sospechosa, un director de cine es incapaz de reconocerse en su propia película, un hombre recibe un correo electrónico que promete devolverle objetos perdidos y acaba resucitando un pasado olvidado. Estos y los demás personajes que pueblan los relatos contenidos en estas páginas tienen un hueco al centro del pecho que les arde y buscan cómo llenarlo entre la ternura y el desconcierto, entre la intimidad y un mundo exterior que se abalanza hacia el futuro sin la menor consideración.
Con una prosa precisa, contenida y, a la vez, vibrante, Lugares para estar solos ofrece una cartografía de la soledad e inaugura una de las voces más refrescantes de la narrativa puertorriqueña contemporánea, capaz de mirar de frente la fragilidad y encontrar en ella una forma extraña de belleza.